22 enero, 2011 Perspectiva No Comments
Es cierto que toda persona, vaya donde vaya, llega sólo con lo que es. Sin embargo, esta afirmación posee un matiz ineludible que radica en saber si es el mismo “cuánto” y el mismo “qué” de sí mismo, lo que expresa en todas partes. Pienso que no. Por el contrario creo que los lugares, como las personas, pueden alentar lo más superficial o lo más profundo de nosotros mismos.
Prueba de esto es la experiencia de vivir en Sanlúcar la Mayor, una ciudad cuyo ámbito es la belleza natural y que además atesora en sus formas la tranquilidad necesaria para vivirse y vivir.
Sanlúcar la Mayor se mantiene prudentemente alejada de urbes caóticas, de gentes que viven en un continuo agobio por el ritmo que les imponen ciudades colapsadas, desarrolladas a empujones, convertidas en un extenso lugar de desencuentros donde el hombre termina por transformarse en un ser ajeno e insolidario. Por esto, establecerme aquí ha significado recuperar esa parte de mí mismo en la que prevalece el tiempo que demandan los afectos, el espacio que requiere el encuentro y un permiso permanente para disfrutar de mi hábito por los atardeceres.
Y debo agregar que, poco a poco, este lugar resulta como un agradable perfume del que uno se va impregnando y cuyo origen es su gente y su pasado.
A través del conocimiento de su historia y de sus obras se comprueba lo que ya muchos saben: que la riqueza cultural de un pueblo no proviene de la pureza de su etnia, sino que surge de una mezcla de culturas y civilizaciones.
Mientras recorro sus calles al filo del atardecer me detengo un instante, uno que se desplaza hacia otros más lejanos en el tiempo, y pienso en las exigencias que debió enfrentar esta tierra, con una fe difícil de comprender, a lo largo de su vasta historia.
Conocer su camino no es privarla de su magia sino todo lo contrario, es poderla vivir al imaginar este espacio poblado de culturas tan diversas como sus sueños, de seres lejanos en el tiempo amando bajo esta luna, trabajando fortalecidos y tenaces bajo este sol y luchando valerosamente por este suelo.
Con esta publicación, y convencidos de que no es necesario haber estado en el lugar exacto ni haber vivido con precisión los hechos, hemos abierto esta ventana en el tiempo para que a través de ella y dejando de lado esa costumbre que tenemos por lo visible, podamos descubrir los acontecimientos que esconde la historia bajo los pliegues de su vestimenta, claros vínculos con nuestra identidad y con la de esta tierra, que es hoy el lugar donde se juega el destino de sus hombres y de su comunidad.
Sabemos que nada se encuentra terminado, que todo se halla en proceso de construcción y cambio. Por ello, en tiempos en los que el desarrollo de nuevas tecnologías significa a veces la destrucción de valiosos patrimonios culturales, resulta imprescindible conocer los planes de presente y de futuro en los que creen sus gobernantes.
Por todo esto, les invitamos a recorrer este volúmen en el que nos propusimos dar una visión, a veces general, a veces detallada, sobre el pasado, el presente y los planes de futuro de un entrañable lugar llamado Sanlúcar la Mayor.
Jorge Bradford
Editor